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2.-
La información como producto social.
Es
el procedimiento que sigue la selección de las noticias que contienen las
condiciones básicas del hecho noticioso, es decir, los efectos de la OP. Es un
desafío de lo cualitativo y lo cuantitativo. Para percibir el fenómeno de la
circulación de la información y el papel de los periodistas es necesario
contemplar estos dos elementos:
1.
La ubicuidad de la información que está presente en tiempo real en
distintos soportes y medios de comunicación de todo el mundo.
2.
La multiplicidad de emisores, la aparición de Internet y de las nuevas
tecnologías han provocado una revolución sin antecedentes porque quebrantan
los canales convencionales de la información. Cualquier usuario de la red es un
periodista en potencia ya que puede introducir noticias, crear sus propias páginas,
infiltrarse en bases de datos...
Una
aproximación crítica al panorama mediático actual pone de manifiesto que los
valores de la objetividad (rigor, veracidad.....) se sacrifican con demasiada
frecuencia en aras de los índices de audiencia, del impacto y de las exigencias
que impone la inversión publicitaria
Ignacio
Razomet pone ejemplos de la sumisión
de la información al espectáculo, sobre todo en los medios audiovisuales, en
los que la información se selecciona en función del sensacionalismo y la
espectacularidad. Se puede aplicar la regla de oro que dice “si destila
sangre, va en cabeza”.
El
Nobel José Saramago al recibir un premio de la universidad de Gerona criticó
la falta de ética de los medios de comunicación y se mostró preocupado ante
el hecho de que los medios se están convirtiendo en una industria que fabrica
cuando solamente debería transmitir la base informativa que existe.
El
periodista italiano Furio Colombo cuestiona quien es el que dicta la línea de
trabajo, si los medios o el propio mercado. Además afirma que en las
redacciones se maneja la información sin demasiada confirmación, con el riesgo
de que el periodista al no profundizar en la noticia caiga en imprecisiones, que
los periódicos se conviertan en parques temáticos prefabricados fuera de las
redacciones y que cada día el periodismo se parezca más a la “Disneylandia
de la noticia”.
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